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¿Has rehecho tu vida?

rehacer

Si eres un impar reciente la escucharás cada vez que alguien quiera saber si vuelves a tener pareja. El interés por los asuntos de amor es de agradecer cuando se trata de amigos, desde luego. Pero quizá debamos plantearnos que rehacer la propia vida no pasa necesariamente por una nueva relación. Ser de nuevo único y hablar en singular es algo tan importante como llevar las riendas de lo que somos o queremos ser. Y tú… ¿has rehecho ya tu vida?

Resulta interesante comprobar cómo y cuando se escucha la frase ‘He rehecho mi vida’. Quizá por la sensibilidad especial que da el hecho de ser impar, en las últimas semanas hemos aguzado el oído para comprender qué se esconde tras esta frase hecha, de contenido fijo, y también para reivindicar otras acepciones, más auténticas, más impares.

- ¡Hombre! ¿Qué tal? Cuantísimo tiempo sin verte. Desde luego, estás igual que siempre.
Esto, evidentemente, suele ser mentira: estamos más viejos, quizá más interesantes, con más canas o con mechas que las ocultan; más arrugas o arruguitas, que de todo hay; y las más de las veces, una definitiva y generalizada pérdida de tersura en la piel, qué tendrá ésta, que todo lo refleja. Después de la sesión de diplomacia habitual, vienen las preguntas de rigor: ¿Y qué tal? ¿Qué es de tu vida? Te casaste, ¿no? Ahí empieza la puesta al día, con el apoyo de demostraciones históricas de interés hacia la otra persona: no sé quién me contó que…, me dijeron que habías… Al final, sólo son amistosos convencionalismos para que el otro o la otra te cuente sus cosas, y así poder poneros al día mutuamente con un ¿Y tú? Cuenta, cuenta…
Sea como sea el diálogo, hay un punto en común, al que llegamos inexorablemente con un ‘han pasado tantas cosas… es una historia muy larga’ La estructura de respuesta más común es la cronológica: Me casé, tengo tantos o cuantos hijos, ahora trabajo en esto o lo otro… para llegar finalmente al punto común. Me separé hace…
Curiosamente, esta estructura suele tener una variación en cuanto a su extensión, y es que el recién separado, aún en proceso de adaptación a la imparidad, suele empezar por el final saltándose las reglas cronológicas para espetar directamente un ‘pues nada, me he separado’ Si el interlocutor es también impar no duda en informar de la coincidencia. Un alegre y distendido ¡Anda, otro del club! nos indicará que ese estado impar se ha conseguido hace ya algún tiempo -y ese tiempo no siempre es físico, a veces el distanciamiento psicológico aporta la misma perspectiva- Por el contrario, un triste y desvalido ‘yo también, ya ves’ o similar, lo más probable es que indique que el asunto está reciente -terreno pantanoso de inseguridades o penas-, o tal vez que aún existe cierta insatisfacción psicológica con el nuevo estado, frustración más propia de quien ha sido dejado por su ex pareja.

CUANDO LLEGA EL REHACER
En este punto de la conversación, es cuando muchos impares coinciden en ese equívoco del lenguaje, tan aceptado a fuerza de repetición. ‘Me separé, pero ya he rehecho mi vida’. Añadan o no más información, nuestro cerebro lo traduce automáticamente como ‘He conocido a una persona con la que llevo un tiempo y estoy feliz’. En ocasiones se añaden comentarios de planificación: ‘estamos pensando en vivir juntos’, o ‘a lo mejor algún día me vuelvo a casar’. Fenómeno. ¿Por qué no?
Pues por que se suele asimilar el rehacer la vida con tener otra vez pareja estable. Prueba a ver la cara de pasmo de mucha gente si les dices que has rehecho tu vida. Sin duda dirán ‘Estás con alguien’
Es absolutamente normal volver a tener relaciones tras una ruptura, sean cortas, largas, estables o a trompicones. Pero no deja de parecernos sorprendente la identificación del ‘rehacer’ con ‘pareja’.
Una ruptura matrimonial, y sobre todo la posterior puesta a punto y vuelta a la vida social que en muchas ocasiones se ha abandonado, supone un desgaste emocional tan grande que a muchos nos resulta difícil pensar en otra cosa que no sea ‘rehacerse’ a uno mismo.

RECOMPONER... ALGO MUY PERSONAL
La última vez que nos sentimos realmente como nosotros mismos suele ser el día anterior a la petición de mano, a la decisión de convivir, al momento de pasar a ser la pareja de alguien, el cónyuge, el prometido o prometida…
Cuando nos separamos, ya ha pasado cierto tiempo y un montón de renuncias en pro de la pareja. Accedemos a un estado intermedio de aceptación de ser impar. La palabra separado o separada puede llegar a pesar, pero sólo los primeros meses, o incluso semanas. Desde luego, hay algo que nos hace diferentes, no somos los mismos: la experiencia vivida nos ha cambiado y hay mucho -¡demasiado!- que recuperar. En el proceso han pasado cosas que antes nos costaba imaginar: a veces has vejado o has sido vejado. Has sido maltratado físicamente -a veces ocurre, como bien sabemos- o psicológicamente -esto siempre, y si eres la excepción, háznoslo saber-. Con este panorama, bastante tenemos la mayoría de los impares con recomponernos a nosotros mismos, y resulta más lógico pensar, por tanto, que ‘rehacer la vida’ pasa más por encontrarse a uno mismo, no como el que fuimos antes de, sino como quien actualmente somos, definiendo el inexorable ‘¿y ahora qué?’, por que lo que está claro es que hay un antes y un después.
Es más, asimilar ese renacimiento con el hecho de rehacerse con otro, a la larga suele dar, sobre todo, problemas de dependencia. Y es que ninguna relación posterior será capaz de prosperar si nuestra vida no ha sido rehecha antes, de manera individual.
Pero no hay manera. Parece que al ser humano le pone tropezar cuantas veces sea necesario con las mismas piedras, intentando perpetuar la situación anterior… pero con otras personas.
Y así, hay mucha gente que aún llegando a ser felices, se pierden una nueva y definitiva oportunidad: la de rehacerse a uno mismo para, al fin, poder ser único, singular, y sobre todo, quien realmente se es; y quizá, después, encontrar a otro que a su vez, realmente sea. Entonces, y sólo partiendo de dos individualidades complejas y completas, llegar a poder ser juntos.
Quizá lo mejor sea que la próxima vez que alguien nos cuente ‘He rehecho mi vida’, en lugar de responder ¿Con quién estás? o ¿desde cuándo?, nos acostumbremos a contestar '¿Has rechecho tu vida? ¡Me alegro de que ya sepas quien eres, y lo que quieres!

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